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Radio Somos · Tema del Día · 13 de octubre de 2026

¿Cuál fue el encargo más raro que te dieron?

En 1978, Stephen Levi era un periodista joven que recién comenzaba su carrera en una revista de Nueva Jersey, en la que había escrito sobre racquetbol o…

Por Radio Somos
¿Cuál fue el encargo más raro que te dieron?

En 1978, Stephen Levi era un periodista joven que recién comenzaba su carrera en una revista de Nueva Jersey, en la que había escrito sobre racquetbol o la psicología de los conductores de Nueva Jersey. Nada del otro mundo. Pero un día, su nuevo editor lo llamó a la oficina y le dio un encargo distinto.

Le dijo, quiero que encuentres el cerebro de Albert Einstein. Einstein llevaba muerto 23 años, pero existía desde hace un tiempo un rumor que decía que después de su muerte alguien se había quedado con su cerebro y nadie parecía saber dónde estaba. Así que Levi partió por la biblioteca y revisando diarios antiguos encontró una noticia publicada pocos días después de la muerte de Einstein.

En abril del 55 decía que su cerebro había sido preservado para estudiarlo y que pronto habría una conferencia de prensa para explicar qué iban a hacer con él. Pero en la prensa de los días siguientes no encontró nada. Tampoco en las publicaciones científicas realizadas durante esos 23 años.

Pero aquella primera noticia que leyó tenía una pista el nombre del patólogo que había realizado la autopsia. Thomas Harvey. Así que comenzó a buscarlo y después de varias llamadas logró dar con un médico llamado Thomas S.

Harvey en Wichita, allá en Kansas. Encontró su teléfono y lo llamó. Le dijo, ¿es usted el doctor Harvey que trabajaba en Princeton en 1955?

Y después de un silencio finalmente Harvey dijo que sí. Levi tomó un avión y a la mañana siguiente llegó al laboratorio de Harvey y comenzó a preguntarle directamente dónde estaba el cerebro. Pero Harvey evitaba responder.

Levi insistió varias veces hasta que, frustrado, le preguntó si al menos conservaba alguna fotografía. Entonces Harvey se levantó, pasó junto a una pequeña hielera, caminó hacia unas cajas de cartón que tenía detrás de su escritorio y sacó dos frascos en los que flotaban varios trozos de tejido. Stephen Levi.

Este joven periodista finalmente había encontrado el cerebro de Albert Einstein. Luego de realizar la autopsia a la madrugada del 18 de abril de 1955, Thomas Harvey determinó que Einstein había muerto por la ruptura de un aneurisma de la aorta abdominal. Y después simplemente decidió robarse el cerebro.

Luego de disculparse con la familia de Einstein, consiguió el permiso del hijo con una condición, estudiar seriamente el cerebro y no convertirlo en un espectáculo. Harvey pasó años fotografiando, midiendo y estudiando el cerebro, lo cortó en unas 240 partes y distribuyó muestras entre distintos especialistas, convencido de que algún día alguien podría encontrar ahí una explicación para el genio de Einstein. Y si bien hubo ciertas diferencias con otros cerebros, nada permitió demostrar realmente qué hacía a Einstein un genio.

Pero nada de eso hubiese salido a la luz, de no ser por ese encargo que recibió este joven periodista llamado Stephen Levi. Y probablemente todos hemos recibido alguna vez un encargo que cuando nos lo dijeron pensamos que no tenía ningún sentido, que era imposible o simplemente demasiado extraño. A veces termina siendo una anécdota, otras veces puede convertirse en una historia que uno cuenta durante toda la vida.

Tema del Día se emite de lunes a viernes en Radio Somos, dentro de Arriba la Quinta.

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