¿Tuviste alguna pelea familiar que duró años?
A fines del siglo XIX, en Battle Creek, en Michigan, había un médico que dirigía uno de los centros de salud más famosos de Estados Unidos y al que le…

A fines del siglo XIX, en Battle Creek, en Michigan, había un médico que dirigía uno de los centros de salud más famosos de Estados Unidos y al que le gustaba recorrer el recinto en bicicleta mientras dictaba en voz alta sus ideas. Al lado suyo, corriendo, iba su hermano menor anotando todo lo que decía. Ese médico era ocho años mayor y su hermano prácticamente hacía de todo para él.
Llevaba cuentas, compraba suministros, escribía lo que le dictaba y hasta lo afeitaba y le lustraba los zapatos. Trabajó a su lado durante más de 20 años, muchas veces con jornadas interminables y por un sueldo bastante menor de lo que esperaba. Y en ese sanatorio, estos hermanos también experimentaban con alimentos.
El médico buscaba comidas simples y fáciles de digerir para sus pacientes y en 1894 ambos participaron en la creación de unas hojuelas de trigo tostado. Después hicieron pruebas con maíz y de ahí apareció el producto que terminaría cambiándoles la vida. El problema era que los dos tenían ideas completamente distintas sobre qué hacer con él.
El hermano mayor quería mantenerlo como un alimento saludable. El menor veía algo mucho más grande. Quería mejorar el sabor, agregar azúcar, hacer publicidad y venderlo por todo el país.
Finalmente, en 1906, el hermano menor se independizó y creó su propia empresa para fabricar aquellas hojuelas de maíz. Y funcionó. El negocio creció muchísimo, pero con el éxito apareció un problema bastante particular.
Los dos hermanos, por supuesto, tenían el mismo apellido y ambos querían utilizarlo comercialmente. El médico decía que él había sido famoso primero y que durante años ese apellido había estado asociado a su sanatorio y a sus productos. El hermano menor respondía que había sido su empresa la que había convertido ese nombre en una marca conocida en millones de hogares.
La pelea terminó en los tribunales y se extendió durante años. En 1920, la Corte Suprema de Michigan terminó fallando a favor del hermano menor. La empresa del médico podía seguir usando el apellido, pero con fuertes restricciones sobre cómo debía aparecer en las cajas.
Y después de eso, la relación entre ambos hermanos quedó prácticamente destruida. Y así pasaron más de 20 años, hasta que ya anciano, el médico, decidió escribirle una carta a su hermano. En ella reconocía que él había tenido razón en varias de sus disputas y agregaba, deseo sinceramente reparar cualquier daño o injusticia que te haya hecho.
Pero esa carta nunca llegó a destino. Quedó archivada entre sus documentos y el médico murió en 1943 sin saber que su hermano jamás la había recibido. Cinco años después, encontraron la carta.
Para entonces, el hermano menor tenía 88 años y estaba ciego, así que tuvieron que leérsela en voz alta. Ese hermano menor se llamaba Will Keith Kellogg. El médico, su hermano mayor, era John Harvey Kellogg.
Y el apellido por el que habían peleado durante tantos años era, por supuesto, Kellogg, que todavía aparece en las cajas de los famosos cereales Kellogg’s. Los dos hermanos terminaron viviendo hasta los 91 años y están enterrados en Battle Creek, en el mismo cementerio. La historia detrás de estos cereales terminó siendo también la historia de dos hermanos que pasaron buena parte de sus vidas enfrentados.
Y quizás lo más triste es que al final uno de ellos sí quiso arreglar las cosas. Las palabras existieron, la intención también, pero nunca llegaron a la persona que tenía que escucharlas. Y en muchas familias pasa algo parecido.
Cuando una discusión comienza por algo concreto, pasan los años, se acumulan otras cosas y llega un momento en que reconciliarse parece mucho más difícil que recordar por qué empezó todo. Y de eso queremos hablar hoy.
Tema del Día se emite de lunes a viernes en Radio Somos, dentro de Arriba la Quinta.