¿Alguna vez te hiciste cargo de algo porque la persona responsable ya no podía hacerlo?
El 25 de septiembre de 1919, en Pueblo, Colorado, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, le dijo a su médico que el discurso que iba a dar esa…

El 25 de septiembre de 1919, en Pueblo, Colorado, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, le dijo a su médico que el discurso que iba a dar esa tarde tendría que ser corto porque le dolía mucho la cabeza. Wilson llevaba semanas recorriendo el país tratando de convencer a los estadounidenses de apoyar la entrada a la Sociedad de las Naciones, una entidad antecesora de la ONU. Sin embargo, habló casi una hora.
Ese dolor de cabeza empeoró y hubo que cancelar la gira porque Wilson se estaba sintiendo cada vez peor y siete días después, el 2 de octubre, sufrió un derrame cerebral que le paralizó gran parte del lado izquierdo de su cuerpo. Eso no impidió, sin embargo, que siguiera como presidente en ejercicio y fue su mujer, Edith, la persona que definía quién podía visitarlo, qué documentos le llegaban y qué era lo suficientemente importante para que su marido tuviera que revisarlo. Y resulta que su esposa se encargó de instalar la idea de que Woodrow Wilson estaba lúcido y que simplemente necesitaba descansar.
Y así pasaron los meses, lo que por supuesto desató las sospechas. El secretario de Estado llegó a reconocer que prácticamente ningún miembro del gobierno había visto al presidente desde hacía mucho tiempo. Uno de los senadores que más desconfiaba era Albert Fowl, que llegó a decir que quien estaba gobernando Estados Unidos era la señora Wilson.
Así que el 5 de diciembre, Fowl fue a visitarlo junto al también senador Gilbert Hitchcock. Entonces prepararon la habitación del presidente, le cubrieron con una manta al lado paralizado, dejaron junto a su mano derecha los documentos que iban a discutir y mantuvieron una iluminación muy tenue. Y cuando los senadores llegaron y le preguntaron si había leído el informe, Wilson estiró su mano derecha, tomó el documento y se los mostró.
Y al salir, los senadores dijeron que habían encontrado al presidente lúcido y con sus facultades mentales intactas. Increíblemente, Edith logró mantener este sistema hasta que terminó el mandato de su marido en marzo de 1921. Y durante toda su vida negó haber gobernado Estados Unidos.
Decía que nunca tomó decisiones políticas por él, que simplemente decidía qué asuntos eran importantes y cuáles no. Pero durante 17 meses, para llegar al presidente de Estados Unidos, primero había que pasar por ella. Independiente de si fue realmente ella quien gobernó o no, lo que sí hizo Edith fue hacerse cargo de algo porque su marido ya no podía hacerlo.
Y eso nos lleva a la pregunta del día de hoy.
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