¿Alguna vez te acusaron de algo y pensaste que era injusto?
En 1906, una familia que pasaba el verano en Oyster Bay, en Nueva York, empezó a enfermarse de fiebre tifoidea. Primero una hija, después otra, luego la…

En 1906, una familia que pasaba el verano en Oyster Bay, en Nueva York, empezó a enfermarse de fiebre tifoidea. Primero una hija, después otra, luego la mamá y una empleada. Seis de las 11 personas de la casa terminaron contagiadas y nadie podía explicar de dónde había salido la bacteria.
Un investigador llamado George Sopper revisó el agua, las cañerías y la comida, pero no encontró nada. Entonces empezó a reconstruir otros brotes ocurridos en los años anteriores y descubrió que varias familias afectadas habían contratado a la misma cocinera. Su nombre era Mary Malone, una inmigrante irlandesa de 36 años, y había algo que hacía muy difícil convencerla de que podía ser responsable, porque Mary nunca había tenido fiebre tifoidea, se sentía completamente sana.
En 1907, el Departamento de Salud de Nueva York la detuvo y los análisis confirmaron algo que en ese momento recién comenzaba a entenderse. Mary era una portadora asintomática. La bacteria vivía en su cuerpo y podía contagiar a otras personas, aunque ella nunca desarrollara la enfermedad.
La enviaron a North Brother Island, una pequeña isla frente a Manhattan donde funcionaba un hospital para enfermedades contagiosas. Allí vivió sola en una cabaña y durante casi tres años se le tomaron muestras varias veces por semana. Algunas daban positivo y otras negativo, y Mary insistía en que estaba sana.
Mandaba de hecho sus propias muestras a laboratorios privados y llegó a demandar a la ciudad para recuperar su libertad. En 1910 cambió el responsable de salud de Nueva York y decidió que mantenerla encerrada indefinidamente a una mujer sana era difícil de justificar. Mary podía vivir sin representar un peligro siempre que dejara de cocinar.
La liberaron después de hacerla firmar un compromiso de no volver a trabajar preparando alimentos y le consiguieron trabajo como la bandera. Durante un tiempo las autoridades siguieron sus movimientos, pero después dejaron de hacerlo. Cinco años después, más tarde, hubo un nuevo brote de fiebre tifoidea en un hospital de maternidad.
Y cuando fueron a investigar, encontraron a Mary nuevamente trabajando en la cocina. Durante los años anteriores había pasado por restaurantes, hoteles, una posada y otros establecimientos. Y la volvieron a detener en 1915 y la enviaron otra vez a North Brother Island.
Esta vez permaneció allí durante el resto de su vida. Después de sufrir un derrame cerebral, pasó sus últimos seis años en el hospital de la isla y murió en 1938. Pero para entonces el caso tenía una complicación más.
En Nueva York ya se habían identificado cientos de otros portadores sanos de fiebre tifoidea. Algunos también trabajaban manipulando alimentos y algunos incumplían las restricciones que les habían impuesto. La mayoría eran hombres.
Ninguno fue recluido durante décadas, como Mary Malone. Y después de conocer esta historia, hoy queremos preguntarle algo mucho más simple, pero que resuma un poco quizás cómo se sentía ella.
Tema del Día se emite de lunes a viernes en Radio Somos, dentro de Arriba la Quinta.