¿Cuál es ese lugar que te encantó y te dieron ganas de nunca irte?
En septiembre de 1940, cuatro adolescentes caminaban por un bosque del suroeste de Francia cuando de pronto encontraron un hoyo entre los árboles…

En septiembre de 1940, cuatro adolescentes caminaban por un bosque del suroeste de Francia cuando de pronto encontraron un hoyo entre los árboles. Volvieron al día siguiente con una lámpara, agrandaron la entrada como pudieron y bajaron unos tres metros hasta una galería subterránea. Y cuando levantaron la luz hacia las paredes aparecieron caballos, ciervos, toros gigantes.
Habían encontrado una cueva cubierta por cerca de 2.000 figuras pintadas miles de años antes. Uno de esos cuatro jóvenes se llamaba Jacques Marsal y tenía 14 años y prácticamente nunca volvió a irse de ahí. La noticia del descubrimiento corrió rápido y comenzó a llegar gente al bosque.
Marsal dejó el colegio y se instaló junto a la entrada con otro de los amigos. Pasaron incluso el invierno viviendo en carpas, vigilando la cueva y acompañando a quienes querían conocerla. Era Lascaux, uno de los conjuntos de arte ropestre más extraordinarios jamás encontrados, conocido después como la Capilla Sixtina de la Prehistoria.
La guerra, la segunda guerra, obligó a Marsal a alejarse. En 1942, con 16 años, fue detenido y enviado a Alemania como trabajador forzado. Y cuando terminó la guerra, regresó a su pueblo y cuando Lascaux abrió oficialmente al público en 1948, volvió a ocupar su lugar junto a esas pinturas, pero ahora como guía.
Y durante los siguientes 15 años entraron a esta cueva un millón de visitantes. Hasta que Marsal empezó a notar algo que los demás probablemente no habrían visto. Conocía esas paredes de memoria y comenzaron a aparecer pequeñas manchas donde antes no había nada.
Primero eran gotas y después algas verdes. El aire, la humedad, el calor y el dióxido de carbono que dejaban miles de personas estaban alterando una cueva que había permanecido prácticamente intacta durante milenios. La llamaron la enfermedad verde.
En 1963, Lascaux cerró al público. Y el otro joven, que todavía trabajaba ahí, se marchó y terminó como mecánico en una fábrica. Pero Marsal se quedó y durante 25 años más siguió entrando prácticamente todos los días a una cueva que ya nadie podía visitar.
Media la temperatura, controlaba la humedad y vigilaba los sistemas instalados para conservar las pinturas. En el pueblo terminaron poniéndole un nombre que resumía bastante bien en qué se había convertido. Le decían Monsieur Lascaux.
Marsal murió en 1989, pocos meses antes de jubilarse. Tenía 63 años. Había encontrado aquella entrada cuando tenía 14.
Y salvo los años en que la guerra lo obligó a marcharse, pasó prácticamente toda su vida alrededor de esta cueva. Al año siguiente, Francia celebró los 50 años del descubrimiento de Lascaux. Los otros tres muchachos volvieron a reunirse frente a la cueva.
Marsal fue el único que faltó. Y es que hay lugares a los que uno llega y se quedan con nosotros para siempre. Y de los que no queremos salir.
Y es por eso que hoy queremos saber cuál es ese lugar al que fueron y del que nunca se hubieran querido ir.
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