¿Te han dejado fuera de algo que tú empezaste?
En agosto de 1895, un periodista suizo llamado Georg Baumberger llegó hasta un pequeño pueblo llamado Heiden, en el este de Suiza. Había escuchado que en…
En agosto de 1895, un periodista suizo llamado Georg Baumberger llegó hasta un pequeño pueblo llamado Heiden, en el este de Suiza. Había escuchado que en el hospital de ese lugar vivía un anciano con una historia extraordinaria. Lo encontró en la habitación número 12, donde llevaba una vida súper solitaria, alejado de la sociedad y prácticamente olvidado por el mundo.
Y lo que aquel hombre le contó al periodista parecía increíble, porque 36 años antes, ese mismo anciano había sido uno de los protagonistas de una historia que cambiaría para siempre la manera de ayudar a las personas. Todo había comenzado en junio de 1859, cuando un empresario de Ginebra llamado Henry Dunant viajó al norte de Italia para resolver unos asuntos comerciales. Quería reunirse con el emperador Napoleón III, pero terminó encontrándose con algo completamente distinto.
El 24 de junio, cerca de un pueblo llamado Solferino, los ejércitos de Francia y Cerdeña se habían enfrentado a las tropas austríacas. La batalla dejó miles de muertos y unos 40.000 heridos. Muchos permanecían abandonados, sin médicos suficientes, sin agua y sin nadie que pudiera auxiliarlos.
Dunant quedó horrorizado y decidió ayudar. En el pueblo vecino de Castiglione colaboró en la atención de los soldados, organizó suministros y trabajó junto a las mujeres del lugar, que comenzaron a socorrer a los heridos sin importar a qué ejército pertenecieran. Repetían una frase en italiano, tutti fratelli, todos hermanos.
Y aquella experiencia lo marcó profundamente. De regreso en Suiza escribió un libro titulado Un recuerdo de Solferino, que publicó con su propio dinero en 1862. Y ahí propuso algo completamente nuevo, crear organizaciones de voluntarios que estuvieran preparadas, incluso antes de que comenzaran las guerras, para atender a los soldados heridos de cualquier bando.
Su propuesta encontró apoyo. En 1863 se formó en Ginebra un comité de cinco personas que comenzó a desarrollar aquella idea. Un año después se firmó el primer convenio de Ginebra.
Así fue como nació lo que hoy conocemos como la Cruz Roja. Pero mientras la organización comenzaba a crecer por el mundo, la vida de su impulsor se derrumbaba, sus negocios fracasaron, acumuló enormes deudas. Y en 1867 tuvo que abandonar también el comité que había ayudado a fundar.
Y los años siguientes estuvieron marcados por la pobreza, vivió de la ayuda de otras personas, pasó temporadas en un lugar estable donde quedarse y terminó refugiándose en Haydn. Mientras la Cruz Roja se convirtió en una organización internacional, su fundador estaba desapareciendo de la vida pública. Muchos incluso lo creían muerto.
Hasta que aquí el periodista lo encontró en 1895. El artículo de Baumberger, este periodista, se publicó en septiembre y causó sensación en Europa. El mundo redescubrió a Henry Dunant y seis años después, en 1901, recibió junto a Frédéric Pasi el primer premio Nobel de la paz de la historia.
Dunant nunca abandonó su habitación del hospital y murió ahí, el 30 de octubre de 1910, a los 82 años. Henry Dunant había dedicado buena parte de su vida a construir una organización que terminó creciendo sin él, lo que nos lleva a la pregunta de hoy.
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