¿Qué cosas tuviste que hacer para recuperar la confianza de alguien?
En plena Segunda Guerra Mundial, cuando los ojos estaban puestos en Europa, el 9 de septiembre de 1942, a las 6 y 24 de la mañana, un hidroavión japonés…

En plena Segunda Guerra Mundial, cuando los ojos estaban puestos en Europa, el 9 de septiembre de 1942, a las 6 y 24 de la mañana, un hidroavión japonés pilotado por Nobuo Fujita sobrevoló la costa de Oregon, en Estados Unidos, y dejó caer bombas incendiarias, con la idea de prender la zona boscosa y así enfocar esfuerzos militares norteamericanos en su propio territorio. Pero ese día había llovido y si bien una de las bombas alcanzó a ser un pequeño incendio, no pasó a mayores. Fujita, que había ideado el plan, volvió 20 días después, pero tampoco tuvo éxito y volvió a Japón, en donde nunca contó a nadie sobre esta misión, incluso durante su vida posterior como civil.
Pasaron los años y esa historia se instaló como parte del folclor de la zona, y en 1962 unos comerciantes jóvenes de Brookings, un pueblo a 15 kilómetros de donde cayeron las bombas, se les ocurrió una idea para promover el turismo en su festival anual, y además la paz mundial, buscar al piloto de ese avión e intentar traerlo. Ahora, apenas se supo de la intención de este grupo de jóvenes, el pueblo se dividió. Había quienes apoyaban la iniciativa y otros que estaban enfurecidos.
Pero eso no impidió una larga búsqueda a través de instituciones diplomáticas y registros militares, hasta que dieron con su paradero. Y Fujita, al enterarse de esto, de que primero esta misión secreta ahora era pública, y que además querían invitarlo al mismo lugar al que 20 años atrás había atacado, quedó aterrado. Pidió garantías de seguridad y de que no sería juzgado por clímenes de guerra en caso de pisar territorio estadounidense.
Y así fue como, en medio de un clima de mucha tensión, llegó junto a su esposa e hijo. Fue recibido en un clima de desconfianza y tensión, con pancartas y manifestaciones. Hasta que, en un acto, se subió al escenario y pidió disculpas.
Y luego, de una caja alargada que había llevado consigo, sacó una katana samurai de 400 años que había pertenecido a su familia, y se la entregó formalmente al alcalde como símbolo de rendición personal, arrepentimiento y paz eterna. El público, al ver al, entre comillas, enemigo arrodillarse, pedir perdón y regalar algo tan preciado, lo ovacionó. Y de ahí en adelante, la relación de Fujita con este pueblo se estrechó a tal punto, de que no solo volvió en repetidas ocasiones, sino también recibió ayuda de parte de Brookings, cuando quedó sumido en la pobreza por una crisis económica.
Como en otra parte, además, podemos mencionar que años después contó que llevó esta katana para realizar seppuku, el suicidio ritual samurai, en caso de ser recibido con hostilidad. Sin embargo, como ya sabemos, no fue necesario y terminó regalando la espada a este pueblo que terminó aceptándolo. Novo Fujita se desprendió de un tesoro familiar de más de 400 años para ganar la confianza de un pueblo que había intentado bombardear durante la guerra.
Y es que a veces, para ganar la confianza, para recuperarla también, hay que hacer grandes gestos.
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