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Radio Somos · Tema del Día · 29 de septiembre de 2026

¿Cuál es la mejor broma que hiciste o que te hicieron?

El 18 de noviembre de 1956, unas 30.000 personas se congregaron en George Street frente a la municipalidad de Sydney. Era una de las multitudes más…

Por Radio Somos
¿Cuál es la mejor broma que hiciste o que te hicieron?

El 18 de noviembre de 1956, unas 30.000 personas se congregaron en George Street frente a la municipalidad de Sydney. Era una de las multitudes más grandes que había visto la ciudad desde la visita de la reina Isabel II. Y es que todos estaban esperando la llama olímpica.

Venía recorriendo Australia, pasaba de ciudad en ciudad, camino a los Juegos Olímpicos de Melbourne, y esa noche tenía que llegar hasta las escalinatas de la municipalidad donde la esperaba el alcalde de Sydney, Patrick Hills. A eso de las 9 y media apareció finalmente un hombre corriendo con una antorcha encendida. La policía le abrió paso entre la multitud y el joven avanzó hasta la alfombra roja.

Subió las escaleras, le entregó la antorcha al alcalde y Patrick Hills comenzó su discurso diciendo que, en nombre de los ciudadanos de Sydney, tenía el gran placer de recibir la llama olímpica. Pero mientras hablaba se dio cuenta de que algo raro estaba pasando porque el mango de la antorcha estaba mojado y la pintura plateada todavía estaba fresca. Entonces alguien se acercó y le avisó lo que acababa de pasar.

El joven que había llegado corriendo no era ningún atleta, era Barry Larkin, un estudiante de unos 20 años de la Universidad de Sydney que había llegado vestido con pantalón largo, con camisa y corbata. Y la supuesta antorcha olímpica era la pata de una silla pintada de plateado con un tarro clavado en la punta. Adentro habían puesto unos calzoncillos viejos del servicio militar empapados en queroseno y les habían prendido fuego.

Todo esto era una broma. Los amigos de Larkin habían elegido a otro estudiante que iba vestido como atleta para llevar la antorcha falsa, pero movió tanto los brazos que los calzoncillos prendidos salieron volando. Y como que ahí se anduvo asustando, dejó tirada la antorcha y se fue.

Entonces, otro de los estudiantes, Peter Gralton, le dijo a Larkin que recogiera la antorcha mientras él recuperaba los calzoncillos en llamas. Larkin se agachó, Gralton le dio una patada en el trasero y le dijo que corriera. Y corrió.

Todo esto había nacido porque les parecía ridícula la solemnidad con la que se trataba a la llama olímpica. De hecho, Larkin explicó años después que sentían que prácticamente la estaban tratando como a un dios, cuando el relevo moderno de la antorcha se había estrenado apenas 20 años antes en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, organizados por lo demás por la Alemania nazi. La cosa es que después de entregarle la antorcha falsa al alcalde, Larkin bajó las escaleras y se perdió entre la multitud.

Patrick Hills, el alcalde, tuvo que pedir calma por los parlantes y anunciar que aquello había sido una broma de unos estudiantes universitarios y que la verdadera llama olímpica todavía no llegaba. Unos minutos después, llegó. La traía Harry Dillon, un ex atleta australiano de 50 años, y toda la ceremonia tuvo que comenzar nuevamente, esta vez con la antorcha verdadera.

Barry Larkin nunca recibió un castigo. A la mañana siguiente, mientras desayunaba, el rector de su residencia universitaria se acercó y los felicitó. Y ese mismo día, cuando entró a rendir un examen en la universidad, sus compañeros lo recibieron con una ovación.

El examen, eso sí, lo reprobó. Pero independiente de eso, queremos hablar de bromas. Porque hay algunas que por alguna razón terminan siendo recordadas hasta el día de hoy.

Tema del Día se emite de lunes a viernes en Radio Somos, dentro de Arriba la Quinta.

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