¿Quién es la persona que sabe exactamente lo que te pasa con solo mirarte?
A inicios del siglo XX, en Alemania, había una celebridad que se hizo famosa por saber sumar, multiplicar, decir la hora y hasta deletrear palabras. No es…

A inicios del siglo XX, en Alemania, había una celebridad que se hizo famosa por saber sumar, multiplicar, decir la hora y hasta deletrear palabras. No es gran cosa. Pero ¿qué pasa si les digo que esa celebridad era un caballo?
Su nombre era Hans, apodado Cleber Hans, y su dueño era Wilhelm von Osten, un profesor de matemáticas jubilado y entrenador de caballos aficionado. Y vaya a saber uno por qué, decidió hacerle preguntas matemáticas a Hans. Si le preguntaba cuánto era 5 más 8, Hans respondía golpeando 13 veces el suelo con una pata.
Y también era capaz de resolver divisiones, trabajaba con fracciones, distinguía notas musicales y podía indicar fechas en el calendario. Era tan increíble lo que hacía Cleber Hans que se presentó ante multitudes por toda Alemania. Se hizo tan famoso que además de llegar a las páginas del New York Times en Estados Unidos, las autoridades alemanas decidieron investigarlo para saber si esto era un fraude de von Osten.
Y se nombró una comisión de 13 especialistas para dilucidar la verdad detrás de esta increíble habilidad. Habían profesores, un veterinario, un oficial de caballería, un director de circo y hasta el director del zoológico de Berlín. Y después de observarlo, la comisión concluyó que no había fraude.
Hans respondía incluso cuando su dueño quedaba fuera de la prueba. Parecía que Alemania tenía oficialmente un caballo matemático. Sin embargo, un psicólogo llamado Oscar Pfungst decidió seguir investigando.
Cambió a las personas que hacían las preguntas, aisló al caballo del público, utilizó anteojeras y probó qué ocurría cuando el interrogador desconocía la respuesta. Y ahí estaba la clave, porque los resultados fueron contundentes. Cuando Hans veía a alguien que conocía la solución, acertaba el 89% de las veces.
Pero cuando el interrogador no sabía la solución, sus aciertos caían al 6%. Y es que la verdadera habilidad de Hans no era la matemática. Era leer gestos imperceptibles en quienes hacían las preguntas.
Mientras pateaba, la persona que sabía la respuesta iba tensando el cuerpo a medida que se acercaba al número correcto. Al llegar a ese número, esta persona relajaba la postura, levantaba ligeramente la cabeza o cambiaba la expresión. Y Hans detectaba todos estos gestos y detenía la pata.
Esta revelación, sin embargo, no detuvo a Von Osten, que estaba convencido de los poderes matemáticos de su caballo, y siguió presentándolo, aunque ahora la gente miraba también a quien hacía las preguntas. Este descubrimiento recibió el nombre de Efecto Clever Hans, y de hecho, cambió las formas de hacer experimentos. Desde entonces, muchas investigaciones se realizan a ciegas, o a doble ciego, para impedir que las expectativas de una persona entreguen pistas involuntarias.
El mismo fenómeno sigue estudiándose en animales, en personas y hasta en la inteligencia artificial, cuando un sistema entrega las respuestas correctas utilizando señales equivocadas. Y de ahí nace nuestro tema del día de hoy.
Tema del Día se emite de lunes a viernes en Radio Somos, dentro de Arriba la Quinta.
