¿Alguna vez te acusaron de algo que no hiciste?
Son las tres de la madrugada en un puente sobre el río Sena en París. Dos hombres jóvenes miran el agua negra. Entre los dos cargan una maleta vieja y…

Son las tres de la madrugada en un puente sobre el río Sena en París. Dos hombres jóvenes miran el agua negra. Entre los dos cargan una maleta vieja y adentro de esa maleta llevan objetos robados del Museo del Louvre.
Llevan horas dando vueltas por la ciudad con esa maleta encima, muertos de miedo, hasta que decidieron que lo mejor era tirarla al río y que desapareciera para siempre. Pero no son capaces. Ninguno de los dos atreve a saltarla.
Así que se devuelven caminando con la maleta hasta el taller donde viven. Uno de esos dos hombres tenía 29 años. Era español y se llamaba Pablo Picasso.
¿Y qué hacía el hombre que después sería el pintor más famoso del siglo XX con una maleta de objetos robados a las tres de la mañana? Bueno, resulta que la policía francesa lo andaba buscando y no por cualquier cosa. Sospechaban que él se había robado la Mona Lisa.
Porque hay que decir que unas semanas antes, el 21 de agosto de 1911, la Mona Lisa había desaparecido del Louvre. Se la habían llevado sin dejar rastro y el escándalo era gigante. Cerraron el museo.
Cerraron hasta las fronteras del país. Y la policía no tenía absolutamente ninguna pista. Entonces empezaron a buscar sospechosos por donde fuera.
Y aquí viene lo que complica a Picasso porque él no era del todo inocente. Cuatro años antes, un belga llamado Gery Pieret, que trabajaba como secretario de su amigo, el poeta Guillaume Apollinaire, había entrado al Louvre y se había robado unas cabezas de piedra, unas esculturas ibéricas antiguas. Y esas cabezas terminaron en manos de Picasso, que se las compró por 50 francos cada una, sabiendo perfectamente de dónde venían.
Las guardó en un mueble de su casa y esas mismas piezas terminaron inspirándole uno de sus cuadros más importantes, Las Señoritas de Aviñón. Ahí quedaron estas piezas escondidas durante cuatro años hasta que la Mona Lisa fue robada. Porque entonces el tal Pieret, aprovechando el revuelo, fue a un diario de París, vendió su historia, la historia con Picasso, por unos francos, y contó que él había sacado cosas del Louvre varias veces antes y que una de esas cabezas se la había vendido a un pintor de la ciudad.
No dijo el nombre, pero cualquiera podía atar los cabos. Y ahí empezó el pánico. Picasso y Apollinaire entendieron que la policía iba a llegar hasta ellos y por eso esa noche salieron con la maleta llena de estas cabezas rumbo al río.
Y como no se atrevieron a tirarla, al día siguiente devolvieron las esculturas al mismo diario, al mismo diario en el que había salido esta historia en forma anónima. Pero el plan les salió peor porque eso llamó todavía más la atención. A los pocos días detuvieron a Apollinaire y lo metieron preso.
Y estando adentro, presionado, el poeta terminó dando el nombre de su amigo. Así que la policía fue a buscar a Picasso a su casa. Y según contó la pareja del pintor en esa época, Picasso estaba temblando tanto que ella tuvo que ayudarlo a vestirse para que pudiera salir con los policías.
Lo llevaron ante un juez, aterrado de que lo deportaran de Francia. Y ahí, según se cuenta, hizo algo de lo que después no se sintió nada orgulloso porque no lo dejaron declarar solo. Lo pusieron frente a frente con Apollinaire, que llevaba días preso, para que los dos se dijeran cosas en la cara delante del juez.
Y Picasso, mirando a su amigo, dijo que no lo conocía. Al final, sin pruebas que los relacionaran con la Mona Lisa, lo soltaron. Y era verdad porque dos años después apareció el cuadro.
Había sido robado por un obrero de mantenimiento del propio museo. Y si bien Picasso no era una santa paloma, sí fue acusado de algo que no hizo. Y su historia es, por supuesto, el vehículo que nos ayuda a transitar hacia la pregunta del día de hoy.
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